5 nov. 2014

Para tener en cuenta si quieres escribir un libro

Ideas principales extraídas del Taller del Libro Periodístico de Martín Caparrós para la FNPI en la Feria Internacional del Libro de Oaxaca.

1. Un libro ha de ser un proyecto ambicioso, pero realista. Los libros toman tiempo de producción, mucho tiempo de escritura y tantísimo de reescritura, edición, reenfoque. La cobertura de un gran tema puede ser realizada a partir de un buen ejemplo básico, primario. Pero es preciso acotar el marco de lo relevable.
2. En grandes historias, como los procesos políticos de larga trayectoria, la coralidad es tentadora (da amplitud, color, matiz) pero es igualmente compleja, pues también puede hacer perder la historia en una maraña. Un árbol precisa un tronco y que se le poden las ramas para mantenerse fuerte; el exceso de ramas —tramas, subtramas, múltiples personajes y focos— puede llevar a ese árbol (ese libro) a convertirse en una maraña difícil de observar.
3. Las grandes (largas, complejas) historias conllevan el riesgo de volverse un rompecabezas de piezas que no encajan.
4. El autor que encare un tema debe aprovechar sus ventajas competitivas: qué tiene que nadie más posea. Acceso, profundo conocimiento de un tema, su propio talento. Es preciso elegir lo que les apasiona y gusta: no escriban historias con las que no se sientan cómodos. “Es bueno interesarse por los temas, pero no hay que dejar que los temas nos ganen”, dice Caparrós. “Es bueno mantener la irritación por las injusticia pero es contraproducente la indignación holística al encarar un trabajo”.
5. En ocasiones, construir el foco de una historia es elegir uno, casi con una epifanía. Pero en otras pasa por desechar ideas menos sólidas entre un paquete de enfoques posibles. Con una hipótesis clara, como en libros amplios en materia temática o que cubren largos procesos, reducir el campo: temas que agrupen temas menores; periodos de tiempo más corto; historias transversales que corten el proceso.
6. El foco (en un libro, en una historia) es decisivo, y encontrarlo es un lío. “El problema es que cuando uno lo busca, a mí me pasa que en un momento X es tal, y me obnubilo con eso”, dice Caparrós. “De modo que pienso todo en base a esa hipótesis, pero mientras doy prioridad a esa hipótesis, desdeño otras tan buenas o mejores. Ese lío siempre nos acompañará”.


7. Evitar el panfleto, evitar ser —hijos de Nietzsche— el vomitivo tibio autor; tener, igual, cierta distancia. “Cada palabra importa: contribuye a construir eso que llamamos, desorientados, tono. La palabra mueve ritmos, hace alianzas y choques con las otras”, dice Caparrós. “No queremos reducir lo complejo a lo ínfimo pero sí queremos no complicar lo simple. Las palabras son unidades de sentido pero su sucesión forma unidades de sonido. Hay textos que suenan mal, que no encontraron su música. Hay que buscar las combinaciones que suenen: un idioma se construye en sus poemas”.  

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