23 nov. 2009

Despenalización del Aborto

El aborto es un tema que genera dilemas morales, pero que sin duda se ha convertido en un negocio muy rentable para todos aquellos que lo practican informalmente, pese a que las estadísticas arrojan que dicha clandestinidad deja como saldo  la muerte de 100 mujeres al año, lo que lo convierten en la tercera causa de mortalidad materna en el Perú.

La condición económica de las interesadas en practicarselo determina el éxito del mismo, si se cuenta con el dinero suficiente se pueden someter a un aborto seguro en una clínica privada y de no ser así corren el riesgo de acabar en Emergencia por hemorragias o infecciones y muchas incluso terminan incapacitadas para volver a concebir, ya que las lesiones sufridas en su interior no se lo permitirán.

Un informe difundido por la ONG Flora Tristan en base a registros de hospitalizaciones sostiene que de las 370 mil mujeres que abortan anualmente en el Peru, sólo el 20 % pone su vida en manos de un médico mientras que las demás, empujadas por su desesperación y precariedad económica, se arriesga con inescrupulosos personajes y en las mínimas condiciones de salubridad.

Los intentos por despenalizar el aborto siempre terminan estrellándose con un Estado hipócrita que siempre cede a la presión de la Iglesia, que amenaza con excomulgar a cualquiera que apoye la causa, mientras tanto domingo a domingo muchos que llenan sus bolsillos ejerciéndolo dejan sus monedas como ofrenda que a la vez redime sus culpas.

Una encuesta realizada en Lima sobre la legalización del aborto arrojó los siguientes resultados:
De acuerdo en casos de violación: 61% en el sector A (clase alta) y 22% en el sector E (de extrema pobreza)
De acuerdo en peligro de muerte de la madre. 72 % en el sector A y 51% en el sector E.
De acuerdo por problemas económicos: 19% en el sector A y 7% en el sector E.
Son notorias las diferencias de opinión entre ambos sectores, producto en parte de la educación a la que acceden.

Debo aclarar que soy católica porque así me bautizaron (no tuve opción de elegir mi credo religioso), creo en el derecho a la vida y sé que el uso de métodos anticonceptivos evitaría llegar a situaciones extremas, pero vivimos en una sociedad en la cual los sectores de pobreza y pobreza extrema aun no practican la planificación familiar, o por falta de educación o por la idiosincracia machista que predomina en muchos de esos hogares.

Lo irónico de este tema, que atañe directamente a las mujeres y a su derecho de decidir si continúa o no con un embarazo no deseado, es que los líderes de opinión que se han manifestado abiertamente en distintos medios de comunicación a favor de la despenalización del aborto han sido en su mayoría hombres, la pregunta es por qué, será porque se le brinda menos espacios a las mujeres en los medios o porque existe el temor de nuestras lideresas de expresarse al respecto.

"Recuerdo que tenía mucho miedo, pero mi novio y yo ya habíamos decidido no tenerlo porque ambos necesitábamos acabar la universidad, pero no teníamos dinero y acudimos a una dirección que vimos en un periódico donde anunciaban solucionar problemas de atraso menstrual (publicidad que abunda en diarios y revistas), cuando llegamos, un hombre me acostó en una camilla, sentí mucho dolor, cuando terminó todo me di cuenta que no se había colocado ni guantes, al final terminé en un hospital por una fuerte infección, ahí me dijeron que había sido un aborto incompleto y que tenían que hacerme un legrado, fue en esos momentos que me di cuenta que  pude haber muerto, no denuncié al falso médico por miedo y es de lo que más me arrepiento", este es el testimonio de una amiga que hoy tiene 28 años y que alude que cuando tenía 20 no estaba educada en prevención.

Ella no es la única, conozco a varias con distintos motivos por los que decidieron decirle No a la maternidad y no por ello han perdido mi respeto o estima, algunas de ellas se arrepienten, otras no, pero nadie las puede juzgar, porque las consecuencias de sus actos sólo les compete a ellas, en cambio, cuando la cadena de pobreza aumenta, producto de irresponsabilidades en la conducta sexual o por violaciones (cifra alarmante), en estos casos si le compete al Estado que debería dejar a un lado los dogmas a la hora de decidir en temas de salud y desarrollo social.

Por el momento sólo queda rezar, si de algo sirve, por aquellas que en estos momentos están entrando a un consultorio clandestino sin saber con seguridad cómo saldrán de ahí, si es que llegan a salir.

Escucha el clip de la página de Radialistas Apasionados y Apasionadas
http://www.radialistas.net/clip.php?id=1500423


4 nov. 2009

La solidaridad se enseña en casa.

A la pregunta ¿por qué hay tanta miseria en el mundo?
La primera respuesta que viene a mi mente es porque nos domina el egoísmo, generalmente pensamos primero en nosotros mismos sin importarnos si con nuestra actitud perjudicamos a otros.
Muchos afirman que este es el siglo por excelencia de los egoístas y que la solidaridad es un valor cada vez practicado por menos seres humanos, y se sostiene incluso que algunos la utilizan para generar una buena imagen pública.
Y viene a mi memoria una mañana en una escuela pública que albergaba a niños y niñas de un sector de extrema pobreza en Ica. Recuerdo que había pedido a todos mis alumnos que llevaran algunos materiales reciclables para el curso de Arte, y digo sólo algunos porque casi todos los insumos que implicaban algún costo los iba a poner yo, ya que muchas veces había observado que sus padres no se preocupaban ni por proveerles un cuaderno y un lápiz (la profesora de turno era la que se las ingeniaba para que al menos tuvieran estos útiles en clases).
Esa mañana algunos llevaron lo solicitado y otros no, así que tuve que pedirles que los que habían traído los materiales los compartieran con sus compañeros, grande fue mi sorpresa cuando observé la negativa de varios de ellos.
Al preguntarles porque reaccionaban con egoísmo ante mi sugerencia, uno de ellos me dijo: “es que mi mamá no quiere que preste mis cosas”, una respuesta que tuvo eco entre los demás y ante la que sólo pude decir “si ustedes no comparten sus cosas yo tampoco y no podremos realizar ningún trabajo”, al final de ese día todos cumplieron con el trabajo y les hice ver que de no haber colaborado todos no hubiéramos logrado nuestro objetivo, pero a mi me quedó el malestar de haber forzado una actitud que debería ser nata en ellos.
Valores como la solidaridad se aprenden en casa, son los padres los que la inculcan con la palabra pero sobre todo con el ejemplo y a los que tenemos la misión de educar nos compete reforzarla en la convivencia en el aula y de encontrarnos con la triste realidad de alumnos que no hayan vivenciado valores, tenemos la titánica tarea de sembrarlos en ellos, sabiendo que será muy difícil que ellos los asimilen como parte de su personalidad, a menos que forzemos situaciones permanentes que motiven su práctica.